Los ingleses espían a sus socios europeos para la CIA
Richard Tomlinson entró en el MI6, el servicio secreto exterior inglés, en 1991. Durante los cuatro años que permaneció en el puesto como aprendiz de espía llevó a cabo muchas misiones complicadas, unas con buenos resultados y otras con fracasos. Comenzó como muchos novatos obteniendo información en la calle de personas normales desprevenidas, de las que tenía que conseguir datos privados como el número de pasaporte.
Después fue enviado a Rusia en misión especialmente complicada. Debía conseguir un cuaderno de notas que un militar había escondido en casa de su suegra, en la que había anotado numerosos datos sobre misiles nucleares de su país. Lo hizo a las mil maravillas y a esta misión en territorio hostil siguió otras menos afortunada en Bosnia, en la que resultó herido en una pierna por la onda expansiva de una bomba. Fue una misión fracasada, a la que siguieron otros éxitos y fracasos.
En 1995 pasó por una depresión, motivada principalmente por la cruda realidad que había vivido en Sarajevo. Ese fue el momento que aprovechó su jefe para despedirle, alegando que tenía “un carácter voluble y poco fiable”. Richard entró en cólera y decidió vengarse contando todas las extralimitaciones del MI6 que había contemplado durante su breve carrera.
Su libro contaba la presencia de infiltrados británicos en el poderoso Bundeskank alemán, un plan para asesinar al presidente yugoslavo Slobodan Milosevic y la colaboración de prestigiosos periodistas ingleses con el espionaje.
Tomlinson se lo ofreció a una editorial australiana, lo que descubrió el MI6 y le llevó un año a prisión, tras ser denunciado por el gobierno por violación de la seguridad nacional. A los seis meses quedó en libertad y decidió abandonar el país, huyendo del acoso de sus antiguos compañeros.
En una entrevista publicada por el diario El País, denunciaba: “He decidido publicar 'La grave transgresión' (su novela) porque estaba harto de la persecución de los ingleses. Presionaban a los países amigos para que me hicieran la vida imposible. Lograron que me detuvieran sin motivo 11 veces y que me expulsaran de Suiza, Francia, Mónaco, Italia, Alemania, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Sólo me quedaban España e Italia, donde me encontraba cuando escribí el libro”.
Richard contó que el MI6 estaba muy interesado en las relaciones que ETA mantenía con el IRA y en el asunto de Gibraltar.






