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Víctor Rothschild fue millonario y espía, pero jamás doble agente

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Por Fernando Rueda, 19 de agosto de 2010

Fue un curioso caballero inglés: bohemio, pianista, jugador de cricket, coleccionista de libros del siglo XVIII y amante de la zoología. Además, su inteligencia, mano derecha y pasión por la aventura, le llevaron a apuntarse al MI5, en cuya sección de Contraespionaje trabajó intensamente durante la Segunda Guerra Mundial.

Lo hizo guiado por el mismo espíritu aventurero que impulsó a sus compañeros del elitista Trinity College de Cambridge, en el que estudió el joven de buena clase en los años 30. Allí se hizo amigo de Anthony Blunt y Guy Burgess y los tres se apuntaron a la sociedad secreta universitaria “Los Apóstoles”, de ideología comunista, que criticaba abiertamente el funcionamiento de la sociedad inglesa, en la que sus padres eran estandartes.

Los tres llegaron a tener una gran amistad. Incluso Víctor buscó un trabajo a su amigo Burguess en casa de su madre, a pesar de que públicamente había dicho de él que era “borracho y sucio, pero buen compañero”.

Tras salir de la universidad e ingresar en el servicio secreto, Víctor se dedicó al espionaje en el interior de Gran Bretaña. Una de sus misiones fue la protección personal del primer ministro Winston Churchill.

En los años 50, su amigo Burgess escapó a Rusia antes de que le detuvieran por trabajar al servicio del KGB. Junto a él huyó Donald McLean, que había estudiado también en Cambridge y a quien conocía Víctor. Todos los que habían tratado con ellos fueron investigados, pero nada pasó, como ya explicamos en el serial de El Reservado sobre los cinco dobles agentes rusos.

Un misterio resuelto oficialmente

Años después sería descubierto Kim Philby, que también huyó, y Anthony Blunt. Este llegó a un acuerdo de colaboración con el MI5: delataba la información filtrada y los nombres de sus colaboradores y a cambio no se adoptaban medidas contra él. Blunt dio el nombre del último integrante del “Quinteto”, John Cairncross, que también llegó a otro acuerdo y consiguió que se silenciara su identidad e irse a vivir tranquilamente a Francia.

Sin embargo, la personalidad de ese quinto hombre se convirtió en una obsesión para la sociedad inglesa. Muchos conocían la estrecha amistad de Rothschild con Blunt y Burgess y le acusaron de haber trabajado para los rusos. Rupert Allason, diputado conservador y escritor sobre temas de espionaje, le señaló directamente en 1962, aduciendo que un traidor de la KGB le había marcado.

Muchos años después, Peter Wright, ex jefe del contraespionaje, publicó su libro “Cazador de espías”, que fue prohibido en Inglaterra, en el que acusaba a un antiguo jefe de los servicios secretos de ser el agente tan buscado. La prensa publicó que Víctor le había ayudado a publicar el libro como un intento de limpiar su nombre, lo que interpretaron como la acción de un culpable.

Rothschild reaccionó publicando una carta en el “Daily Telegraph” solicitando que algunos de sus superiores desmintieran de una vez la imputación. En este caso, fue la propia Margaret Thatcher la que lo hizo.

No obstante, algunos piensan que estuvo implicado en la red y que pagó con dinero el silencio de sus superiores. ¿A quién creer en todo este misterio?

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