El Libro Verde de la arqueologÃa submarina
Los ministerios de Cultura y Defensa, así como la Junta de Andalucía han unido sus fuerzas para comenzar una serie de ambiciosas actividades con el objetivo de registrar las costas de la Península, empezando por las andaluzas y concretamente en las gaditanas –que presentan un enorme grado de expolio-. El “brazo ejecutor” de la idea será, además de los arqueólogos, la Armada, que con sus buques y las más avanzadas tecnologías, rastreará el litoral por medio de prospecciones geofísicas –un conjunto de técnicas y métodos físico-químicos y estadísticos empleadas de forma similar en tierra-.
Una vez identificados los posibles candidatos, los especialistas, como los miembros del Centro de Arqueología Subacuática del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) o del Museo de Arqueología Subacuática de Cartagena (ARQUA) procederán a su estudio preliminar para incluirlos en las llamadas “Cartas Arqueológicas”. Éstas consisten en mapas y guías científicas donde se recogen los diferentes puntos de interés arqueológico y sus ubicaciones específicas y se llevan realizando desde hace décadas en las diferentes comunidades autónomas españolas.
La novedad consiste en que, de manera sistemática y coordinada, diferentes organismos van a esforzarse por inventariar los bienes que se encuentran, no bajo tierra sino en los dominios de Poseidón.
La medida, que en principio no llamará la atención de más de un lector, es bastante más trascendente de lo que parece. Para todos es conocida la riqueza de España en materia de patrimonio, pero generalmente sólo se presta atención a la superficie –ciudades, puentes, calzadas, etc.- siendo el subacuático de enorme riqueza material. De hecho no hace falta viajar muy lejos en el tiempo para recordar lo que puede suponer un barco hundido, por ejemplo.
El caso del “Odissey”, hace tres años, llamó la atención de la pérdida patrimonial que estaba sufriendo España –y que lleva haciéndolo desde hace décadas- ante un tesoro, el del buque “Nuestra Señora de Las Mercedes” que con más de 15 toneladas de plata y oro, llegó a valorarse en, al menos, unos 350 millones de euros. Y aunque sin duda fue un suceso “sonado”, la cuantía de los restos es lo que hizo que transcendiera como lo hizo. Por tanto, lo que se busca con el “Libro Verde” es poder hacerse una idea de la riqueza material española para su mejor vigilancia y gestión.
Pero no todo es bien visto por algunos especialistas, que han argumentado que estas Cartas Arqueológicas pueden servir de ayuda a cazatesoros. Semejantes informes del territorio les permitirían acceder a los puntos de interés con más facilidad al tener datos precisos de sus localizaciones, como la famosa “X” en el mapa que indicaba el lugar según Indiana Jones -aunque él en sus clases sostenía lo contrario-.
De hecho es bien conocida la utilización de los archivos de la Casa de Indias de Sevilla por parte de personas, muchas de ellas historiadoras, contratadas por empresas de rescate submarino con los oscuros ánimos del expolio. Por tanto quizá lo que ahora se deba plantear es el grado de accesibilidad de semejante documentación –y que también debería incluir las cartas de tierra- y el desarrollo de algún tipo de vigilancia constante para los sitios importantes, quizá como la policía arqueológica de Egipto o puede que mediante métodos más “virtuales” como los que permiten las tecnologías de Internet y de satélite.

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