La muerte de Bin Laden, el fin de Al Qaeda
No existe un recambio. Ni bueno, ni malo, ni medio pensionista. Osama Bin Laden es insustituible. Y Estados Unidos lo sabía perfectamente cuando asestó el golpe más duro que podía recibir el complejo terrorista.
Bin Laden no era solamente el jefe de un grupo terrorista. Quizás ni era eso. Por mucho que ahora la CIA quiera convencernos que desde su escondite en Pakistán seguía dirigiendo los actos terroristas, la verdad es que estaba fuera de la organización del día a día de los atentados. El saudí era el guía espiritual del grupo y de los miles y miles de seguidores que tenían disgregados en todo el mundo.
Por eso, su muerte abre dos escenarios. Poner a alguien al frente del complejo es relativamente sencillo, aunque la guerra de sucesión puede abrir heridas que traigan problemas a medio plazo. Todo parece indicar que Ayman al Zawahiri será el sucesor, si no lo es ya. Es el jefe del grupo de la Yihad islámica egipcia y el hombre de máxima confianza de Bin Laden. Hubiera o no discrepancias más o menos importantes entre ellos, seguro que ya estaba hablada la sucesión.
Los otros candidatos para el puesto tragarán inicialmente, pero como en toda banda mafiosa diseminada por el mundo, con el paso del tiempo cada uno de los reyezuelos pretenderá asumir el máximo poder en el territorio de su competencia. Para eso se ampararán en que una cosa era seguir a su guía espiritual Bin Laden y otra hacerlo con Al Zawahiri, al que inicialmente no le reconocen esa autoridad.
Ese es precisamente el gran problema de Al Qaeda. Se han quedado sin la persona que imparte doctrina, la que hacía que el pueblo llano musulmán les siguiera con los ojos cerrados. La persona que lanzaba sus mensajes a todo el mundo y se la hacía caso sin cuestionar el contenido.
Sin Bin Laden, que fue poco un hombre de acción y más un teórico y dirigente, la orfandad de la organización es clara. Por ejemplo, el mulá Omar, al que todos conocen como el mulá ciego, aceptaba que el saudí diera las órdenes generales, pero él hacía lo que quería en su Afganistán. Ahora, con Bin Laden muerto, es difícil que acepte consejos de nadie. No hará público ese planteamiento, porque beneficiaría a sus enemigos occidentales, pero seguirá actuando según sus propios criterios.
El siguiente objetivo de la CIA es cazar a Al Zawahiri, lo que supondría cerrar su objetivo de descabezar la organización y convertir a Al Qaeda en la nada. Así, cada grupo terrorista actuaría a su bola y la guerra global pasaría a ser regional. El tiempo dirá.






