El etarra Troitiño y miles de españoles seguidos sin orden judicial
El vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, intervino en el debate sobre la desaparición del etarra Troitiño con su perspicacia habitual, pero también diciendo lo que estaba obligado a defender.
Antonio Troitiño, uno de los carniceros de ETA, fue liberado por la Audiencia Nacional y días después los jueces se arrepintieron –o les arrepintieron- y dieron orden a la Policía de volver a meterle en prisión. Pero ya era tarde: Troitiño se había esfumado. Rubalcaba explicó que la Policía no puede seguir a una persona que es libre sin orden judicial, que es lo que tenía que decir como responsable de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero el funcionamiento real de los seguimientos es bien distinto.
La Policía tiene que controlar a los sospechosos de cualquier delito. Y lo puede hacer por las vías públicas sin necesidad de orden judicial, igual que un periodista, detective o ciudadano normal, siempre que no acoses. Además, esos seguimientos son los que permiten a los policías acudir después al juez correspondiente para pedirle una orden para investigar más a fondo a una persona por la comisión de un delito.
En el caso de Troitiño, sin embargo, pueden alegar que tras salir de prisión no existía ninguna sospecha sobre él. Lo cual es relativamente falso, pero válido como argumento para que haya desaparecido y nadie le haya controlado.
Si esto fuera así –que no me lo creo-, en cualquier caso estaría el CNI, cuyo trabajo en las alcantarillas les permite moverse con mucha más libertad, sin tener que dar explicaciones de sus métodos de trabajo. Es lo que hacen habitualmente.
Un ejemplo es la “Operación Sombra” que ejecuta el servicio de seguridad interno sobre los miles de ex agentes, que continúan su vida fuera del espionaje. Para que no cuenten lo que supieron trabajando en el servicio secreto, para saber a qué se dedican o porque necesitan utilizarles para misiones actuales, el hecho es que periódicamente son seguidos sin que haya ningún motivo, excepto el control periódico de sus actividades.
Estas miles de personas pueden ser investigadas sin problemas y Troitiño, el etarra carnicero, no. Es lo que tuvo que decir Rubalcaba, pero el vicepresidente sabe perfectamente que hubo motivos ocultos para no controlarle o para decir que no se le controló…






