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El clan de los elegidos: extraños sucesos ocurridos durante el embarazo o el parto

Niños con poderes fuera de lo normal

Por Jesús Callejo Cabo, 24 de septiembre de 2010

Las tradiciones populares son muy sabias. Una de ellas afirma que ciertos sucesos producidos durante el embarazo o el parto indicarían que el niño tendrá "gracia", palabra genérica que define a aquellas personas que nacen con un don especial para ver las cosas que otros no pueden ver o para curar determinadas enfermedades. Lo que para unos, en el ámbito urbano, es un ejemplo más de superstición o de leyenda, para otros, en el ámbito rural, es el resultado de la observación de estos hechos a lo largo de los años.

Un signo característico es llorar en el vientre materno, más bien que la madre oiga o "sienta" al niño llorar dentro de su vientre. Durante el siglo XVIII en España se creía firmemente que aquellos fetos que lloraban tres veces en el vientre de su madre -y ésta guardaba su secreto hasta el momento del nacimiento-, se convertían en "saludadores" (unos curanderos capaces de sanar, entre otros males, la hidrofobia). De lo contrario, si era una bocazas y lo contaba a sus vecinas su futuro hijo perdería la "gracia" otorgada por los cielos.

También hay otros signos que la tradición atribuye al origen de la “gracia”, y que pueden ir acompañados al llanto, como es nacer con "velo", "manto de la virgen", “camiseta”, “toquilla” o "zurrón". Se trataría, al parecer, de una forma de describir la inusual envoltura que acompaña al niño en el momento de salir al exterior, con las membranas de la placenta o el recubrimiento, llamado lanugo, que protege al recién nacido de la pérdida de calor.

Además de todo ello, el niño o la niña puede presentar unas marcas en el paladar que reciben el nombre de Cruz de Caravaca o Rueda de Santa Catalina, formadas por extraños símbolos que indicarían un origen sobrenatural, un elemento de protección mágica. Mi amigo José Antonio Iniesta, con el que en su día escribí Testigos del prodigio, llama a estas personas “el clan de los elegidos” en la completa seguridad de que poseen una inteligencia inusual y alguna facultad especial. Ve en ellos un nexo de unión, una especie de sello de identidad que de algún modo garantizaría el contacto con otra realidad.

Dentro de los ritos de nacimiento de los pueblos de la serranía de Albacete y de Cuenca, se creía que más importante que conocer el sexo del niño era saber si aquella criatura que iba a venir al mundo tendría unos poderes fuera de lo normal. Y si los tenía, todos estaban de enhorabuena.

Y no es la primera vez –ni la última– que algunas creencias populares se adelantan a las investigaciones científicas. A partir de unos estudios sobre el "síndrome de la muerte súbita" de los bebés, se han podido obtener los primeros testimonios del llanto del feto. Karyn Donnelly, investigadora estadounidense de este síndrome, descubrió a finales de 1998 cómo un feto de 32 semanas realizaba movimientos con el pecho al hacerle pruebas con ultrasonidos. Se dieron cuenta que el movimiento coordinado del pecho y de la barbilla, estremeciéndose, era equivalente a un llanto. Llegó a la conclusión de que los fetos lloran ante la estimulación sonora, aunque se sospecha que también pueden hacerlo en otras condiciones.

De ser cierto lo que nos dicen nuestras viejas tradiciones no sólo lloran sin necesidad de estos estímulos acústicos sino que aquellos fetos que lo hacen, cuando nazcan, tendrán unas habilidades superiores a las de otros niños. Como si estuvieran señalados o “elegidos” por el destino para hacer algo grande. Por si acaso, que los pediatras y los científicos tomen buena nota.

2 Comentarios
Salva Valverde
24 de Septiembre de 2010 a las 13:29
Pues si, gran Jesús, gran capítulo el que dedicastes en el libro "Testigos del prodigio", "La magia de llorar en el vientre: Saludadores. Un día tendrás que escribir sobre el séptimo hij@. Mis felicitaciones por el artículo.
Lilith
24 de Septiembre de 2010 a las 13:09
Enhorabuena, Jesús, maravilloso artículo. No lloraré, pero en cambio, me iré en busca de mi Trinity particular... ¡estuviste cumbre, my friend! ;-)
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