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Gigantes en Grecia: ¿realidad o nuevo fraude?

Por Ignacio Monzón, 23 de septiembre de 2010

Hace días el autor de estas líneas no dejaba de sorprenderse ante un correo que afirmaba la aparición de unos esqueletos gigantescos en unas excavaciones del Norte de Grecia. La misiva se acompañaba de una serie de citas bíblicas –Gn. 6:4 y Nm. 13:33- y de unas cuantas imágenes de los descubrimientos. En principio algo completamente impactante.

Más de un lector, si ha recibido semejante email o contempla la foto que adorna este artículo se habrá sorprendido sobremanera e incluso la duda habrá echado raíces en su cabeza. ¿No se aúnan fuentes textuales y documentación gráfica? Los más críticos, entre los que me incluyo –con todo respeto para los que no lo sean- argumentarán que los textos bíblicos no son “libros de Historia” sino que usan un lenguaje y tienen una intención diferente, al igual que la “Ilíada”, por valiosa que sea para el estudio del pasado –y en el caso de la Biblia en otros aspectos para los creyentes- no es un documento “real”. Sumado a esto se afirmaría que las fotos, con el desarrollo actual de las técnicas fotográficas y de edición, pueden ser fácilmente trucadas. Pero claro está, los que crean en la veracidad de las imágenes defenderán que estos argumentos no son concluyentes y que no hay pruebas de manipulación. Sobre esto continuaré más adelante.

Pero más aún, pensemos un poco. ¿Por qué cuándo algo así sale a la luz la gente desconfía más de los especialistas que de los que defienden rocambolescas ideas y generalmente sin pruebas? ¿Por qué se cree automáticamente en esos que abogan por una “Historia real” en oposición a la que intentamos reconstruir los historiadores?, ¿por qué tanto interés en esa supuesta “conspiración” de los especialistas según la cual intentamos ocultar las verdaderas evidencias para aferrarnos a una “Historia oficial y dogmática”? Estos ataques suelen ser la punta de lanza que esgrimen muchas personas que viven de vender humo con la excusa de ser hechos más atractivos por todo lo relacionado con las conspiraciones, la fantasía y en no pocas ocasiones, los intereses políticos.

Respetable es creer en cualquier cosa que no atente contra los demás y desde luego no es esa la cuestión. Mas como seres racionales debería indignarnos la confusión entre “fe” –como una “apuesta” por unos valores– y “conocimiento” –tener constancia de algo mediante hechos o datos mínimamente objetivos y cuantificables–. Hay gente que encuentra consuelo en estas creencias y por tanto bienvenidas sean para ellos, pero intentar convertirlas en realidades universales es llegar demasiado lejos. ¿A santo de qué viene todo esto? Pues simplemente que estos mails de los gigantes no son más que otra muestra de que existen personas dispuestas a creer en cualquier cosa. Y como digo no siempre eso es malo, por lo que espero que no tomen a mal mis palabras, pero hay que filtrar la información. Hay una serie de razones por las que ni esta noticia ni otras de carácter tan “misterioso” o “sobrenatural” tendrían que tomarse en serio.

Para empezar, si unos gigantes se hubieran hallado –también existen mails paralelos sobre Arabia Saudí– las cadenas de todo el mundo lo estarían documentando. No es posible, a día de hoy, ocultar estas noticias en todo el mundo, pues si los informativos televisivos y radiofónicos no siempre son libres para expresarse –algunos dirán que nunca lo son- siempre existen otros canales de divulgación gracias a las nuevas tecnologías. Otro argumento, que muchos que se lucran con los “misterios” no entienden, es que los historiadores no ocultamos información a favor de una versión cerrada y estanca.

Ojalá tuviéramos tanto poder. De hecho, los libros de Historia, en mayor o menor medida, van cambiando con el paso del tiempo y cosas nuevas se incluyen y otras se desechan. Fueron los estudiosos de la Historia, entre otros –también deberían destacarse las aportaciones de los geólogos, biólogos y antropólogos, por ejemplo– los que cambiaron la manera de ver el Pasado Humano, pero siempre con evidencias y un trabajo metódico, si no siempre demostrable por lo menos elaborado con argumentos sólidos. Por eso la idea de una ocultación de datos no cuadra. Habría más interés por nuestra parte y por el de otras personas –sobre todo por la Iglesia Católica y otros grupos religiosos– descubrir, excavar y estudiar restos semejantes.

Nos daría más fama y prestigio, como en lo hicieron los grandes descubrimientos en el siglo XVIII –las ciudades del Vesubio o los túmulos de Norteamérica-, sobre todo en el XIXBabilonia, las tumbas reales de Ur, el reconocimiento de los primeros homínidos pre-sapiens, etc.– y algo menos en el XX –las tumba de Tutankamón o la de Shi Huang Di- y para los creyentes en diversas religiones supondría un argumento muy agradecido.



Otra idea que debería gestarse en las mentes es que incluso si los gigantes fueran reales, ¿qué demostrarían? La primera impresión es la veracidad del Antiguo Testamento y eso que las citas antes incluidas deberían contar también con el primer libro de Samuel 17:4 donde se habla de la altura de Goliat de Gat y sus “seis codos y un palmo de estatura”, es decir, más de tres metros. Pero esta colección de libros y textos no es la única en mencionarlos. Aparecen en múltiples menciones de mitologías como la helena –como la “Teogonía” de Hesíodo, la “Bibliotheca” de Apolodoro o la “Metamorfosis” de Ovidio por citar sólo tres– y escandinava, donde los gigantes son los grandes enemigos de los dioses a pesar de mezclarse con ellos en ocasiones. Por tanto, de existir estos seres ¿de qué cosmogonía estaríamos hablando?

Ahora bien, un poco más arriba he dejado un asunto inconcluso. Se trata de la manipulación o no de las imágenes, las cuales son falsas. Forman parte de un montaje fotográfico hecho por un experto en estos temas, aunque su realización no obedeció a ningún ánimo de engaño si no a un concurso fotográfico. Su autor, con el Nick de “IronKite”, se presentó a un certamen de edición de imágenes con el tema “Archaeological anomalies” que puede seguirse en los siguientes enlaces:

http://www.worth1000.com/entries/493737/giant-discovery
http://www.worth1000.com/entries/18533/giants

Así que, para no aburrir más al siempre amable y paciente lector sólo puedo decir que no es más que un ejemplo de lo que pueden suponer las tecnologías de la información –o desinformación como en este caso– a pesar de que las falsedades de este tipo no sean algo nuevo. Los engaños ya se daban desde que el ser humano empezó a hollar la tierra. Adivinaciones fraudulentas, auguraciones falsas, reliquias ficticias, etc. Y eso no sólo nos debería molestar a los escépticos ya que es un insulto para los auténticos creyentes. Nuestra única defensa será nuestro buen juicio y un intelecto crítico que sepa acudir a las fuentes y personas adecuadas. Atenea y Metis nos cojan confesados.

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