La vida doméstica de los etruscos
Recientemente han sido publicados los resultados de las excavaciones de la antigua urbe de Vetulonia –o Vetluna-, en la región de la Toscana, en las colinas de Maremma y a unos 30 kilómetros al Noroeste de la moderna Grosseto, que informan de unos restos pertenecientes a una domus etrusca, siendo la más antigua y mejor conservada de su tipo hasta la fecha. Aunque la ciudad ya se conocía desde hacía décadas, lo que se descubierto ahora representa un pequeño hito para el conocimiento de la Historia del pueblo etrusco.
La vivienda, que desempeñaba la función de domicilio de una familia de clase acomodada, también era empleada para menesteres comerciales, como parecen probar las habitaciones destinadas a almacenaje y la gran cantidad de piezas cerámicas. La planta del edificio está tan bien conservada, con sus muros de ladrillos de arcilla cocida y clavos de hierro, que facilita la reconstrucción teórica. Además, el lugar contaba con un sótano que servía a modo de depósito y que también ha permanecido en un aceptable grado de conservación.
Simona Rafanelli, directora del Museo Arqueológico de Vetulonia, ha destacado la domus por su enorme valor histórico. Al ser de una época de entre los siglos IV/III a. C. y el año 79 antes de la Era –cuando fue destruida la localidad en tiempos de Sila- puede aportar información nueva sobre aspectos poco conocidos hasta ahora en la cultura material etrusca y su perduración en la fase de dominación romana.
La civilización a la que pertenece el yacimiento se enclavó, como núcleo más fuerte, entre los ríos Arno al Norte y Tíber al Sur, desde el siglo IX a. C. hasta su paulatina absorción por parte de la República de Roma en los siglos IV y III a. C. En un paraje apto para la agricultura y con una buena cantidad de recursos mineros a su disposición su sociedad floreció hasta altos niveles, llegando a su cenit en torno al siglo VII antes de la Era.
Su activo comercio con el mundo heleno les brindó nuevos modelos para su plástica, que más tarde adoptaría la naciente Roma. De hecho, la ciudad de las Siete Colinas se encontraba en los límites entre el pueblo latino con el etrusco y una dinastía de este último pueblo rigió sus destinos en el último periodo de su monarquía –Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio, según las fuentes-.

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