El muerto recupera la vida
Ante la alternativa de llevarnos el cadáver del pobre hombre a otro sitio, para no dejar de custodiarlo, porque sería difícil encontrar otro ser humano con ese aspecto pero todo es posible, le digo que no, que nos quedamos allí. Creo que no fue nadie capaz de probar bocado, pero de lo que sí dimos buena cuenta a lo largo de la noche fue del alcohol y del tabaco. No sé ni las veces que llegamos a mirar como el cuerpo del sujeto, sin pulso, perdía paulatinamente el calor y los miembros se le entumecieron de tal modo, que el rigor mortis se le fijó como es habitual en un cadáver, no había la más mínima reacción pupilar o respiratoria. Un líquido espeso y oscuro le escurría por una de las fosas nasales.
Samuel custodiaba el frasco con el producto y devorados de curiosidad le preguntamos a uno de los tres ayudantes que se quedaron con nosotros fuera toda la noche quien era el infortunado. Al parecer había sido oficial del ejército, e incluso se había formado en España. En algún momento por una disputa sobre la titularidad de una finca, que había sido arrebatada a los dueños originales durante la época de Macías, el anterior titular, harto de solicitar que se le devolvieran sin conseguir resultado alguno perdió la paciencia y la humanidad e hizo el mismo recorrido que nosotros. Entonces aún no se había difundido mucho esto del Ekong, y los del pueblo del zombificado pensaron que se habría envenenado comiendo algo indebido durante un desplazamiento por la Guinea continental.
Los muertos en África se entierran rápido, lo que facilita la tarea del zombificador y de paso ahorra más de un infarto de miocardio al ver que el pariente al que estas velando se espabila y se va hacia la nevera en mitad del velorio. Doce horas son todo lo necesario para que sin mediar tratamiento o ritual alguno el sujeto vuelva otra vez entre temblores y babas a la vida. Ya no será nunca el mismo nos dicen y alguno no vuelve o vuelve para morirse en uno o dos días de mal en el corazón. Pero la mayoría vuelven así, medio bobos (palabras textuales de nuestro interlocutor).
Y así fue. Desgañité a Eric Clapton con mi Ipod durante todo ese tiempo, paseé por los alrededores de la zona buscando algo con lo que distraerme. No vi vida animal aparte de los sempiternos insectos. Nada, ni tan siquiera una serpiente. Creo que los bichos sabían a la perfección que era mejor no estar por allí. De repente oigo los gritos de mis acompañantes y se me acerca Samuel, que me dice: ”Ven, tienes que ver esto, el hombre está volviendo”. Corro los escasos 50 metros que me separan de la pared trasera de la choza. Dirijo mi mirada hacia el montón de hojas, y ahí estaba con su huesudo culo apoyado en el suelo, pero con la espalda recta. En un desesperado intento de obtener consuelo me abrazo a mí mismo, un olor desagradable otra vez llega hasta mí y recuerdo que estoy abrazando con la mano la manga de la camisa meada por el tipo doce horas antes.
“Es suficiente”, digo en voz alta. “Vámonos”, le doy el dinero a Samuel, porque no quiero ni verle la cara al otro, no sea que se la parta. Quiero volver a Bata, ducharme y prepararme para irme del país tan pronto como me sea posible. El viaje con semejante carga no va a ser tan cómodo ni tan rápido como el de ida. Antes de marcharnos, el agradecido chamán se me acerca sonriente con ánimo de abrazarme. Por supuesto lo rehúso. En francés se dirige a mí y me suelta. -“Vous apportez la mort et me jugez, la mort qui enlève la douleur que je fait”, “Tu traes muerte y me juzgas, la muerte que yo causo quita el dolor.” No quiero ni contestarle.
Samuel me toma del hombro y me dirige hacia el camino, aún nos queda un día hasta llegar a los coches. Donde nos espera Manuel el hombre que nos dirigió desde Nedumensoc y que tras indicarnos el camino se negó a acompañarnos. Le pago lo acordado y doy la salida y los dos Land Rover se dirigen de vuelta a Bata. El viaje de vuelta ya no es un placer. No me interesa la selva, ni las gacelas. En una parada para descansar, vemos un nutrido grupo de gorilas. Ni eso me emociona, en esta ocasión sólo quiero marcharme. La despedida de mi personal y de Samuel dista mucho de ser una fiesta, como suele ser habitual. Vuelta en barco mercante hasta el puerto de Valencia, cualquiera pasa el control del aeropuerto de El Prat el frasco de yeso. De allí hasta Barcelona en coche de alquiler.
No puedo dejar de recordar el olor, y la mirada de aquél hombre. Tras una noche literalmente metido en la bañera y tratando de olvidar llamo a Diego, "Ya estoy aquí, tengo esto. Nos vemos mañana en tu despacho, no quiero llevarlo a la oficina, es más mira, vente a verme cuando quieras y te lo llevas. Dicho y hecho, suena el timbre de la puerta y bajo a abrir aún mojado por dentro y por fuera. “Vaya pinta que tienes, que juerga te debes de haber corrido por allí con los amigotes pájaro. Bueno aquí te traigo lo tuyo, es un talón conformado del BHI ahora llamamos a...".
Lo siento amigo mío pero mi labor termina aquí en esta ocasión, no llamamos a nadie. Trabajo pagado, trabajo terminado, yo me voy mañana mismo, tengo muchas cosas de las que ocuparme y quiero dar carpetazo a esto tan pronto me sea posible. Incrédulo Diego me dice: “Pero no quieres estar cuando cojan a Carlo”, ni quiero estar, ni quiero saber nada más de esta historia y tu si eres listo, desvínculate de la misma tan pronto te sea posible. Mientras termino esta narración busco por curiosidad en Facebook el nombre del neonazi. Termina de apuntarse a la red social. Desde luego no lo detuvieron, ya tiene 14 amigos. Escribo un mensaje de correo electrónico a Josep Martí, el cientifico del CSIC que publicó en su día un estudio sobre el Ekong y le agradezco los datos aportados y sin los que no habría podido llevar a cabo este trabajo. De inmediato me invita a reunirnos para charlar sobre la experiencia, le confieso en otro correo que tendremos que dejar pasar algún tiempo para que pueda hablar sobre ello, y otra vez de inmediato él me contesta, con un escueto, lo comprendo, me pasó lo mismo.
NOTA FINAL: En los últimos dos años en campos de trabajo de Camerún, Congo y Gabón, las autoridades han recogido a más de quinientas personas que, carentes totalmente de voluntad, realizaban trabajos como esclavos para empresarios sin escrúpulos que no dudaban en comerciar con ellos, cediéndolos o alquilándolos al mejor postor. También se han producido alrededor de dieciocho detenciones de personas que entramaban una red de captadores, traficantes y familiares. A alguna de estas personas zombificadas se le les ha podido recuperar, a la mayoría no, lo que les ha dejado en un estado de completo abandono porque sus comunidades los repudian por miedo y desconocimiento.
Se tienen noticias de poblados en los que se ha sacrificado a alguno de ellos a machetazos para poder perderles de vista y pasar página ya que nadie en el pueblo era capaz de tratarlos con normalidad. Se calcula que el comercio con polvo de Ekong genera alrededor de un millón de euros en beneficios por su venta directa, y que debe de haber unas 15.000 personas que en esta zona e incluso en Nigeria que están trabajando como peones sin sueldo hasta su muerte. Aunque es baja hay una cierta presencia de zombificados de raza blanca y orientales. También se han encontrado niños en este estado.
La Interpol creó en 2009 una unidad para de manera específica estudiar el problema.
Más info. Algunas notas sobre el Ekong en Guinea Ecuatorial (CSIC)

El colaborador de El Reservado ha viajado a Guinea en busca del polvo de Ekong, un…

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