Los más leídos de esta sección
Anonymous, OperationPaperStorm
Anonymous: conoce su tecnología y su forma de atacar

La Policía ha detenido a tres miembros de la “cúpula” de Anonymous y ha facilitado una serie de datos sobre su forma de actuar que nuestro colaborador y especialista en la…

El Reservado
Anido es tiroteado en Colombia

Tras ser descubierta su infiltración, Anido es enviado en secreto por el Cesid a un puesto de la embajada en Colombia, donde es tiroteado por unos desconocidos al salir de un banco. Su…

Gobierno de España
Medallas para dos espías enemigos

El Consejo de Ministros de ayer aprobó el real decreto por el que se concede a los dos jefes del espionaje enfrentados en la época de Alberto Saiz, Agustín Cassinello y Francisco…

wikipedia
El día que ETA descubre a Anido

En abril de 1995, unos compañeros de ETA se pasan por Estrasburgo a visitar a los padres del “topo” Anido. Ven una foto de su jura de bandera como guardia civil y dan la voz de…

¿Deben regresar ya las tropas españolas que se encuentran en Afganistán?
68%
No
32%
El misterio de una sustancia que convierte en zombi a quien la toma (II)

El polvo Ekong está en la selva africana

Por Víctor González, 02 de septiembre de 2010

Hablamos con Lidia, una mujer de 50 años que ha retomado el negocio familiar desde que enviudó. Es la curandera de Bata. Nos recomienda tener mucho cuidado con la sustancia puesto que el menor roce de esta con la piel, una inhalación fortuita nos llevará de camino a la idiotez de inmediato. De repente se me ocurre que alguien debe de haber rociado con este polvo las salas de espera de algunas cadenas de televisión y no puedo evitar reírme. Lidia marca un punto en el mapa. Se trata de un poblado a unos 15 kilómetros de Piedra Bere. Nos habla de Manuel, un hombre que nos llevará ante el sujeto que prepara el producto. El auténtico mercader es, a tenor de su nombre, un bubi que posiblemente no procede de Guinea Ecuatorial, si no que su familia vino de otra zona de África donde esta etnia tiene representación ya que se llama “Riomö mua Pulaalë” lo que vendría a significar: Riomö (Recompensa) mua (hijo de la) Pulaalë (que vino de lejos).

Comenzamos el viaje. Samuel y yo nos miramos, cuántas aventuras y qué amistad tan entrañable nos une. Miramos también al resto de compañeros armados que en esta ocasión están asombrados de que su protegido sea su propio jefe, que viene a ver a un curandero. Tenemos por delante 167 kilómetros hasta llegar a Nedumensoc donde recogeremos a Manuel para seguir atravesando el parque natural del Monte Telemón y finalizaremos trayecto en coche en el monumento natural de Piedra Bere. A partir de ahí,  andando hasta el poblado del señor Riomö, en el corazón de una zona de África muchas veces aun por conocer del todo. Nii el dinero, ni la posibilidad de darle una lección al empresario neonazi, ni la curiosidad por seguir aprendido acerca del Ekong, justifican esta travesía, sólo las ganas de pasarlo bien y de realizar una vez más un viaje al interior del continente africano.

Tres controles militares más tarde dejamos los todo terreno y comenzamos la verdadera aventura. Si viajáis por esta zona, una sonrisa, unos cuantos cartones de Camel y algunas botellas de Jameson para los agentes, no los veáis como sobornos, son detalles para unas personas que están en ocasiones semanas aislados en sus puestos. Se trata de algo que ayuda mucho al entendimiento. Mejor incluso que un fajo de billetes que  bien se podría considerar un insulto.

Estamos en una de las pocas rutas asfaltadas de ese país. La carretera que lo comunica con Gabón por donde vamos o con Camerún por el recorrido alternativo. El tráfico de mercancías y de personas es habitual por aquí lo que hace que sea interesante tener controlado el recorrido. Es, además, una zona gorilera por excelencia de África. Cargamos las mochilas y encendemos los GPS de mano, nos espera un día andando hasta llegar al poblado y allí -crucemos los dedos- podremos reunirnos con él curandero y proponerle nuestro particular negocio.

Siguiendo por el camino que nos marca el navegador, la sensación de nervios está totalmente amortiguada por la de curiosidad, lo cual es muy peligroso. Los nervios controlados son una excelente manera de mantenerse con vida. Lo que yo identifico en seguida como excrementos de gorila, son en realidad de gacela Sphinx, lo que da lugar a algún que otro comentario jocoso sobre la inocencia de los “blanquitos” que creen que las cosas se presentarán ante ellos porque ellos así lo desean, cuando la realidad animista reza que el gorila, verdadero rey de la selva en esta zona, sólo se presenta ante ti cuando ve que estás preparado para ello.

Una noche de acampada y unas judías de lata más tarde tengo delante de mí a un hombre mayor, regordete con señales y cortes simétricos en cara y pecho. Es imposible hablar castellano con él pero como habla un dialecto camerunés, con la ayuda de Samuel, podemos entendernos. Le decimos lo que buscamos, aprieto los dientes y entrecierro los ojos esperando una reacción propia de aquel al que se está insultando en su propia casa, pero en lugar de eso el hombrecillo con aspecto bonachón y regordete de edad indeterminada, comienza a reír a carcajadas, mientras grita “Ekong, Ekong”, una vez tras otra.
 
Esta vez en un francés con marcado acento africano se dirige a mí y me susurra “formule ne prend pas, seulement en poudre” o lo que es lo mismo: “no fórmula, sólo se lleva el polvo”. Asiento con la cabeza. Nos pide quinientos mil francos CFA. No llega a ochocientos euros y eso lo entiendo perfectamente. Asiento otra vez con la cabeza mientras le muestro un sobre lleno de billetes. El arquea hacia delante su cintura, gira las dos manos hacia arriba, y las asoma paralelas a un camino, como un camarero invita a un turista a entrar en un restaurante. No me termina de gustar el tipo y no me gusta tampoco la misión, de manera que no voy a regatear, ni a plantear problema alguno. Caminamos otras tres horas hasta un pequeño humeral pestilente, donde vive nuestro nuevo contacto. Sinceramente, en medio de toda esta belleza natural, el sitio pega como pegaría un poblado de chabolas en medio de Montecarlo.

El zombi

Por un momento pienso que, o ha estado años buscando un sitio tan desagradable o se lo ha hecho a medida. Al lado de lo que parece una poza sulfurosa hay una cabaña mitad piedra, mitad de adobe, tapada, cerrada con hojas de palma en el techo y con una tela en la puerta, sin ventanas ni oquedades, ni tan siquiera la típica ranura al aire que separa el techo de las paredes. Al fijarme otra vez en las hojas del techo me pregunto, ¿dónde habrá por aquí una palmera? Porque no he visto ninguna por el camino. Me quedo callado observando a Samuel y las caras de nuestra escolta que no tienen desperdicio.

Pienso de nuevo que como en medio de la construcción haya un caldero colgando de una cadena prendida del techo, me van a tener que poner una camisa de fuerza de las carcajadas que puedo llegar a soltar. Por bien de la empresa la cosa no es así, lo que si que puedo garantizar es que el olor ahí dentro era muy especial. Se oye un grito, algo parecido a un chasquido, nos miramos sorprendidos. Al poco, entra en el recinto un hombre considerablemente más alto que nuestro anfitrión, casi desnudo, dentadura inexistente, ojos hundidos, los huesos casi al aire, lleva una tela sucia que le tapa las nalgas y algo donde debería estar el pene enroscado en un palo. Si el olor antes era descriptible, ahora se podría describir empleando un mínimo de tres hojas llenas de adjetivos, todos desagradables. Nos mira, pero estoy seguro de que no nos ve. Bajo la vista, no deseo cruzar la mirada con una persona en semejante estado por la que no voy a poder hacer nada. Tiene un corte abultado y profundo sobre la rodilla izquierda. Por una de las comisuras del mismo escurre un líquido negro y el interior está lleno de algo que yo identifico como larvas de mosca, pero vaya usted a saber. Se pone a recoger las cosas de la estancia, como si fuese un autómata. Les presento a Willero (otra palabra Bubi cuyo significado viene a ser “huyeron de ti”, por la altura, estoy seguro de que es una persona de etnia fang no Bubi).

El curandero le dice algo con tono autoritario. El atormentado se para en seco y descorre una tela amarillenta de una esquina, posiblemente una piel, pero muy fina, sin pelo. Detrás hay una estantería repleta de frascos. Unos pocos de cristal pero la mayoría de barro. Plumas, huesos, restos de algún animal seco y un montón de manojos de plantas. Con mano temblorosa, el recién llegado coge un cilindro de hueso que está envuelto en una piel, se lo entrega a Riomö, quien de inmediato señala con el dedo índice al suelo de la cabaña. El pobre ser clava las rodillas en el mismo, sin perder ni por un instante la total ausencia de expresión en la cara.

Miro a Samuel, y le digo -”no será capaz”, todo tiene un límite, pero antes de poder reaccionar de un modo coherente, el curandero ha sacado del interior del bote, una caña cortada en escuadra en un extremo. Está llena de un polvo gris. Acto seguido, sujeta firmemente la cabeza de Willero y le introduce por el orificio nasal la caña hasta dentro, le inclina aún más la cabeza hasta dejarla casi paralela al suelo y gira la caña hasta que la parte cóncava, queda en la parte alta de la nariz, con lo que imaginamos que el contenido cae dentro de la desdichada cobaya humana.

Seguidamente extrae la caña. Podemos ver claramente que escurre algo de sangre de la misma lo que me hace pensar que por la largura de la misma, y con la violencia del movimiento se ha clavado un poco dentro del cráneo. De inmediato vuelve a meter la misma a modo de tapón el cilindro de hueso, y lo envuelve con la piel atándolo firmemente como si lo que pasa a sus espaldas no fuese con él. Y lo que pasa a sus espaldas es digno de una película de terror. El hombre se retuerce en el suelo entre convulsiones. Ya no tiene la vista perdida, simplemente los ojos se le están saliendo literalmente de las cuencas y sus brazos y sus piernas golpean el duro suelo, no hay lloros, ni gritos, ni sollozo alguno.

En un momento un chorro de orina sale por cada uno de los extremos del palo salpicándome en el brazo. Cuando todo se para, la diarrea escurre por entre sus piernas. En medio de todo esto, se descorre la tela de la puerta de la choza y uno de nuestros escoltas me pregunta: “¿todo va bien...? ¡Ostias!”, suelta la tela y desaparece mientras que yo le grito:-”Bien Paco, bien, espera fuera por favor.” Tengo unas ganas locas de vomitar, el olor es totalmente insoportable y sin más me levanto y me voy.

No tengo ganas de contestar a las preguntas que Paco y Felipe me hacen y les digo que no pregunten que nos marcharemos tan pronto cerremos la transacción. Un interminable minuto más tarde el curandero y Samuel salen de la choza. No sé de dónde han aparecido otros tres Bubis que entran en la choza y sacan arrastrando el cuerpo inerte y lo tiran sobre un montón de hojas apoyadas en lo que seguramente habría sido el tronco de un árbol. Samuel se me acerca y acordamos que esperaremos a que pasen doce horas. Me pregunta si podemos irnos a algún otro sitio más agradable para acampar.

Contenidos relacionados

Espías · Noticias El muerto recupera la vida

“Tu traes muerte y me juzgas, la muerte que yo causo quita el dolor.” Las…


Espías · Noticias A la búsqueda del polvo de Ekong

Muchos creen que es una historia que pertenece al mundo de la fantasía y el…

0 Comentarios
Debe estar registrado para poder comentar