La CIA y la KGB desclasifican secretos
La limitación para conocer las fuentes primarias de información de los servicios de inteligencia no es más que el reflejo del daño que las teorías de la conspiración han hecho, con la consecuente perdida de rigor y en la mayoría de las ocasiones relegándolos a simples historias fantásticas y situaciones inventadas. En este sentido, la desclasificación es una de las pocas maneras a través de las que se puede tener acceso a fuentes primarias.
Uno de los principales problemas a la hora de cuantificar la importancia de la desclasificación en materias de inteligencia, reside en la imposibilidad de ver la información disponible en su conjunto. Según Edmun Cohen (1), director de la oficina de la CIA para la desclasificación, durante la última década del siglo XX, la Agencia ha hecho una contribución importante a la literatura disponible sobre inteligencia en la Guerra Fría.
Y puede que sea cierto, pero no podemos estar seguros de ello más que fiándonos de su palabra o sintiéndonos abrumados por la cantidad (que no calidad) de material desclasificado. De este modo, como no tenemos la posibilidad de saber qué cantidad de material queda clasificado, ni de qué trata, pues sí que podemos afirmar que la Comunidad de inteligencia estadounidense ha contribuido de forma notable a la información disponible para el estudio de las materias de inteligencia en los últimos años, o no.
A pesar de que en las últimas décadas, las políticas de control de los servicios de inteligencia han supuesto una mayor transparencia a los mismos, según Zachary Karabell y Timothy Naftali las preconcepciones de la cultura popular, llevan a pensar erróneamente que siempre tiene que haber un arma humeante tras la actuación de los servicios de inteligencia, por lo que se tiende a esperar demasiado en la desclasificación haciendo que cuando ésta se produce sea decepcionante siendo mera confirmación oficial de hechos más que una fuente de nuevas revelaciones.
En esta línea argumental, para ciertos autores la desclasificación de material de inteligencia es más un proceso de control de riesgo en una organización, al prevenir desclasificaciones obligadas, que un verdadero proceso de democratización.
En definitiva, por mucho que se diga lo contrario, la desclasificación de material por parte de los servicios de inteligencia, casi siempre responde a intereses de los Servicios involucrados.
Sea como fuere, no nos cabe duda que con una mayor apertura y acceso a un mayor número de documentos, el campo de estudio de los servicios de inteligencia se verá profundamente beneficiado y a todas luces permitirán que emerjan un mayor número de áreas de estudio. Como así ha sucedido con la apertura de los archivos de la Stasi, los procesos de desclasificación de ciertos archivos de la KGB, o el desarrollo de programas como el “Historical Review Program” de la CIA, entre otros. Los cuales han permitido el desarrollo de trabajos como los de Ian Nish o J. M. Chapman acerca de la inteligencia japonesa o las nuevas revelaciones provenientes del otro lado del telón de acero acerca de los orígenes de la Guerra Fría. Lo que está claro es que a día de hoy las políticas de desclasificación dependen enormemente de las circunstancias concretas del Servicio involucrado. Lo que nos lleva necesariamente a formular la pregunta ¿Cuál es la política de desclasificación vigente en España?
(1) Cohen, E. “The CIA and the Declassification of History”, International Journal of Intelligence and Counterintelligence 12, nº 3, (1999)

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