Los secretos de la máquina de la verdad
Conocido por varios nombres, algunos de ellos tan televisivos como “la máquina de la verdad”, lo cierto es que cuando se habla de polígrafo o detector de mentiras, la realidad en algunos casos supera la ficción. Según José Antonio Fernández de Landa (Polyscan IPS), impulsor e importador de su uso en España, la televisión hizo posible que tuviéramos un concepto a veces erróneo de lo que es en realidad esta herramienta.
- ¿Cuál es la fiabilidad del sistema?
Depende, como en muchos casos, de las capacidades del operador, en esta como en otras profesiones elegir mal un servicio puede generar resultados indeseados. Sin embargo, en condiciones idóneas la poligrafía moderna tiene reconocidas capacidades de diagnostico con una fiabilidad muy alta, superior a cualquier otra técnica de evaluación de testimonios. De no ser así, y dada la controversia generada por algunos sectores, a veces de forma artificial, ya habría desaparecido del mercado.
- ¿En qué casos se aplica más el polígrafo?
Eso depende del país y la circunstancia. En España, por ejemplo, no es muy utilizado de forma oficial, sin embargo estoy orgulloso de haber contribuido a su implantación en nuestros servicios secretos, lástima que haya salido a la luz por un tema tan bochornoso como el asunto de la piscina de marras [se refiere al cese del ex director del CNI, Alberto Saiz]. Entrando a responder la pregunta tenemos más de 600 casos en ETT’s, miles en asuntos domésticos, cientos en temas empresariales, en asuntos donde denunciar en comisaría o en juzgados sirve de poco, por no decir nada. Con el polígrafo somos capaces de resolver asuntos internos de la empresa sin desgastar su buena imagen comercial.
- Cuéntenos algún caso que nos pueda poner en situación.
Recuerdo mucho a Jesús Gil, quien después de pasar conmigo la prueba dos veces en “La Máquina de la Verdad” de Julián Lago, se convirtió en un defensor del polígrafo, tanto es así que me confió desvelar el autor de un robo. Jesús, antes de entrar por tercera vez en prisión, confió dos maletas Samsonite, repletas de dinero y joyas a gente de su entera confianza, gente que termino por traicionarle fingiendo un robo. Al final se supo la verdad, y Gil reconoció generosamente nuestros servicios.
- ¿En qué consiste esta técnica, cómo es el proceso, que sabemos que es bastante más largo de lo que sale en televisión?
Básicamente, podemos decir que un cerebro humano normal reacciona de forma autónoma e involuntaria ante cualquier estímulo, de forma que cuando una persona miente, se producen en su organismo súbitamente reacciones fisiológicas emocionales, que de ninguna manera puede dominar en un corto espacio de tiempo. Su presión sanguínea, su respiración y la conductividad eléctrica de su piel sufren modificaciones.
Cuando nos encontramos ante un estímulo (pregunta) que nos provoca miedo o temor a ser descubiertos, nuestro cuerpo reacciona activándose, de manera que estemos a punto para cualquier reacción de lucha o huída a fin de protegernos, ya que nuestro impulso más básico es el de la supervivencia.
La activación se produce de la siguiente manera:
El lóbulo frontal de la corteza cerebral por la acción del hipotálamo activa la glándula suprarrenal. La glándula suprarrenal descarga adrenalina. Las pupilas se dilatan, el tórax se ensancha, el corazón se dilata, aumenta la provisión de sangre, se produce un aumento de la tensión arterial. Los músculos se contraen, el hígado libera glucosa, el combustible de los músculos. La piel palidece y los bronquios se dilatan para aumentar el volumen de oxigeno.
Para que una prueba poligráfica sea efectiva ha de desarrollarse en un ambiente controlado, lejos de ruidos, focos y cámaras. Durante 3 o 4 horas trabajamos con los personajes en una sesión previa. En el plató escenificamos un resumen de la misma, de otro modo el proceso no tendría interés ante los telespectadores.
Las mentiras de los políticos
- ¿Hay alguna técnica que pueda averiguar cuándo los políticos mienten o dicen la verdad?
Los políticos son gente bastante normal en la mayoría de sus facetas, por ello es tan fácil evaluarles a ellos como a cualquier otra persona. Sin embargo según van ascendiendo en su carrera hacia el poder, y cuanto más se apuesta por ellos, es más notorio un cambio en su actitud y gestos en actos públicos o televisión. Ese cambio de debe al trabajo de asesores de imagen, a estudiosos del lenguaje no verbal, que mediante sus buenos oficios les enseñan a ocultar sus debilidades y acentuar un carisma otrora inexistente ante el pronunciamiento de determinadas palabras. Esta situación no se escapa a nuestro estudio, así vemos como se muestran seguros ante preguntas conocidas y como se desconciertan ante lo improvisado. Con la edición de imágenes, las televisiones pueden acentuar o minimizar virtudes o defectos que pudieran ser definitivos en la carrera electoral.
Como quiera que ningún político se prestaría de buena gana a sentarse ante la máquina de la verdad, lo mejor es recurrir a técnicas no invasivas, como el análisis de su expresión corporal, mediante esta técnica podemos apreciar si el personaje está conforme con lo que dice o simplemente lo cacarea. También por medio de analizadores de estrés vocal podemos descifrar niveles de seguridad, confusión y engaño en su discurso, con una fiabilidad superior al 80% siempre que contemos con un audio de calidad suficiente.
- ¿Cómo llegó a este mundo de la poligrafía forense?
Mis inicios en el campo de la poligrafía se sitúan en la época que trabaje en la Embajada de Estados Unidos en Madrid. Durante más de seis años fui funcionario del gobierno americano, en calidad de Security Investigator, accediendo a distintos niveles de formación en seguridad, allí conocí por primera vez qué es un polígrafo. Terminado el ciclo con los americanos comencé a trabajar con una agencia internacional de investigaciones con sede en Tel Aviv. El último paso de acceso al empleo consistió en someterme al polígrafo durante 4 horas en una habitación del sexto piso del Hotel Fénix de Madrid (junto a Colón). Interesado por la poligrafía pase a ser ayudante de Haim Víctor Cohen, quien introdujo el polígrafo en el Mossad en los años 50. Estuve varios años ayudando a Víctor en los trabajos que hacía a nivel privado en España, algunos para el banquero Mario Conde a través de H-Seguridad. Seguidamente realicé un curso dirigido por él en el Israel Polygraph Institute de Tel Aviv en 1993.






