La nueva Fiebre del Oro y sus engaños
Son las tres de la tarde y en la central de la empresa se está ultimando la instalación de un nuevo sistema. Este permite que las PDA que lleva todo el personal proporcionen en tiempo real la localización y ésta se pueda contrastar con los planes de trabajo de cada equipo, en cualquier lugar del mundo. De este modo, cuando se hace clic en una pantalla táctil enorme en cualquiera de los puntos rojos del mapa digital, se abre una ventana de metadatos que muestra qué grupo de PMC OP está ahí, a quién o qué protegen, cuál es la ruta que deben seguir y si están dentro del tiempo y la posición adecuadas.
También se puede ver si la información del INTEL CENTER de cada sitio avisa de algún riesgo en esa zona. Las pruebas de momento están siendo todo un éxito. Además, el nuevo sistema permite que los ficheros de trabajo se carguen en modo remoto desde el servidor central. De esta forma, si algún agente pierde alguna de estas agendas, nadie podrá tener conocimiento de nuestras actividades sencillamente porque no hay más datos en su interior.
En el almacén trabajan en el mantenimiento del material y el correspondiente inventario. Seis PMC OP, que están haciendo un curso de reciclaje, juegan en su tiempo libre una partida de HALO, las expresiones de júbilo demuestran que el equipo de los dragones celtas, (cada delegación tiene sus propios equipos y se compite en una liga en red entre ellos), ha ganado a las Ratas de Gobi (equipo formado por los compañeros de Kurdistán). La gente de logística anda preocupada por el retraso en la entrega por parte de un concesionario de las piezas que tienen que salir para Afganistán: tenemos un par de vehículos Santana averiados por problemas con las cajas de fusibles. Un día normal como tantos.
Suena el teléfono y escuchamos a una mujer con voz entrecortada que nos ruega que nos reunamos con ella. La cita será en la oficina de nuestro representante en España, un abogado de Fuengirola. Una hora y media más tarde estamos sentados frente a la mujer de un constructor local. Harto de no poder trabajar por culpa de la crisis del sector, había buscado nuevas fuentes de ingresos intentando abrirse camino en un mercado tan complejo como peligroso.
“No sé cómo se llama él, es un hombre de color”
“No sé cómo se llama él, es un hombre de color -un empresario con muchos contactos con el gobierno de Mali, según me dijo Fernando”, (su marido)-, que además está muy relacionado con los jefes de pequeñas explotaciones mineras en la zona”. Según relata la señora, lo conoció en una pausa para café de un congreso que el sector de la construcción realizó hace tan solo tres meses. “Se suponía en principio que podía abrirnos camino para construir cosas allí -sigue explicando-, en Málaga ahora mismo no hay manera de poder comenzar nada y mi marido estaba desesperado, por que mantener una empresa que está parada sólo sirve para ver como tus recursos se van día a día por la ventana”.
El negocio aparentemente era sencillo ya que el supuesto empresario africano había aportado fotografías del oro en bruto, documentos de reconocimiento y grado de pureza del material. Todo sin complicaciones aparentes. El misterioso hombre de negocios, viajaría personalmente a comprar oro en las pequeñas minas locales del interior de Mali. El mineral saldría finalmente hacia España en bruto donde se procesaría en una fundición de Córdoba y se pagaría, según marca la ley, menos el 10 por ciento del valor de cotización oficial. El marido solo tenía que aportar 40.000 euros que servirían para pagar los gastos y organizarlo todo. La idea era que se iban a recoger excedentes de varias explotaciones, un negocio sencillo. Para que no hubiese problemas, Fernando podía acompañar a este señor y supervisar el mismo la operación.
“Hace tres días que no sé nada de él y cien mil euros de la cuenta de la empresa han sido desviados a una cuenta de un banco marroquí. Hemos llamado al banco, pero no nos dicen nada”, concluye. Luisa esta angustiada. Frota sus manos con nerviosismo, acaricia su sortija de casada con el dedo índice, tal vez recordando algún momento especialmente agradable de su vida en común, tal vez pensando que el dichoso metal con el que está hecha puede haberles costado el futuro.
Con tan solo una llamada logramos hacernos una idea real de qué puede estar pasando. Casos como el que se expone se están detectando desde hace un año aproximadamente. En ellos intervienen redes compuestas sobre todo por ciudadanos nigerianos que estudian por Internet los datos públicos de las empresas de determinados sectores que les son adecuados para sus intereses. Una vez obtienen los resultados de la memoria económica y los informes de riesgo de estas empresas, lo siguiente es ver que composición tiene la junta directiva y a continuación sólo les resta buscar una víctima adecuada.
La formula sería más o menos esta: empresa del ramo de la construcción con tres o cuatro ejercicios muy buenos, que sea a ser posible una sociedad unipersonal o en su defecto una sociedad anónima o limitada en los que alguien acapare la mayoría de las acciones. Un último ejercicio, acorde con el momento económico que vivimos casi de parón total de la actividad, con una facturación nula, dará el pistoletazo de salida. Se busca, vigila, localiza y contacta del modo más creíble que sea posible con la víctima. La fiebre especulativa que se ha vivido en el mercado de la construcción se ha desplazado ahora hacia la compra-venta de determinadas materias primas donde es poco complicado dar una idea de que el negocio además de ser real, es seguro y por supuesto extraordinariamente rentable.
La cruda realidad
La puesta en escena es perfecta. El perfil del gancho ha sido creado de principio a fin con la precisión propia de una película de espías. Ni el nombre, ni el domicilio, ni, por supuesto, los móviles o las cuentas de banco, son trazables. Todo termina en una pared de ladrillos que no podemos saltar. Poco o nada podemos saber realmente de aquél que propuso el negocio de su vida a nuestro protagonista. Para colmo un cambio de planes de última hora hizo que este viajase a ¿Mali? unos días antes desde ¿Málaga?, por una cuestión familiar, pero esto no es un inconveniente puesto que: “así -siempre según palabras del gancho-, cuando llegues a Mali ya estará todo dispuesto”.
Lo último que se supo de Fernando es que llamó a su mujer desde el aeropuerto de Bakamo contándole a esta que había llegado bien y que ya llegaban los que le tenían que recoger. A partir de ahí, todo se nubla. Nuestro agente en Mali nos afirma que lo más probable es que no llegase nunca ni siquiera al hotel. Un coche lo transportaría hasta una zona de confianza para los delincuentes y tras conseguir que este desviase parte de los fondos de que dispusiera a una cuenta puesta a nombre de un titular fantasma, en un país más confiable como, por ejemplo, Marruecos. A partir de ahí la pista del dinero se pierde totalmente. En esta ocasión nadie del equipo desplazado es capaz de obtener información alguna. El interior del país está tomado por mafias y por islamistas radicales y es casi imposible entrar en determinadas áreas del mismo.
Hoy he visto a Luisa mientras paseaba por el paseo marítimo de Marbella. Ya han pasado dos años y sigue con la mirada triste. Observaba a Daniela, única hija pequeña del matrimonio. que jugaba con una pelota en la arena de la playa ajena a la realidad. Luisa no podía evitar mirar de reojo al horizonte de la línea costera. Es uno de esos días en los que la claridad permite entrever la costa norte de Marruecos. Por un momento he imaginado la amargura que tenía que estar recorriendo su alma en ese preciso instante. El dedo pulgar de su mano izquierda hacia rodar su sortija de casada una vez tras otra.
Conclusión
Una consulta a un consultor de seguridad y prevención de amenazas, o por lo menos una llamada pidiendo información a la embajada del país de turno, hubiesen bastado para dejar claro en este caso que no se trataba de un negocio real. Existen más recursos que nunca y cuando alguien nos propone ganar dinero a cambio de prácticamente nada tenemos necesariamente que desconfiar. El negocio de los timos nigerianos ha ido evolucionando desde hace una década y una vez más las autoridades locales no pueden hacer mucho por las circunstancias propias. Las del país de origen, en este caso España, se encuentran atadas porque no se produce en él el delito.
África está ahí al lado, es un sitio estupendo para hacer negocios y sus gentes son en general confiables y agradecidas. No quiero trasladar la imagen de que cualquier negocio por el mero hecho de desarrollarse en el vecino continente vaya necesariamente a terminar en un drama, todo lo contrario, pero hay que asesorarse convenientemente. En el ámbito de la construcción, en la zona de la Costa del Sol más de diez empresarios han sido estafados con la promesa de conseguir los favores de la familia real marroquí a cambio de depositar determinadas sumas en la cuenta del listo de turno. Espero que estás líneas sirvan para salvar a más de uno de estas situaciones.

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