Un día en la cárcel
Como ya habíamos anunciado en el artículo “el regreso del matón aldeano”, hoy nos disponemos a destripar como es la vida en una cárcel española. Cómo es el día a día.
Para situarnos es necesario que pensemos en un pueblo, de aproximadamente 2.000 habitantes, que suele ser la media de los internos que se encuentran en cada uno de los Centros Penitenciarios.
¿Quién manda en el pueblo?, el alcalde es el que organiza la convivencia de acuerdo con las leyes, códigos, y decretos. En las cárceles sucede lo mismo: “un alcaide”, que en este caso es el director, que ayudado por la Junta de Tratamiento, elabora unas normas internas, y que los funcionarios se ocupan de que se cumplan.
Hasta el momento, todo en este relato es normal. En las prisiones, además de funcionarios de las distintas escalas, existen otras personas ajenas a los establecimientos, que acceden a los centros y que el director coordina su entrada. Este personal se ocupa de tareas varias, talleres, centros educativos, deportes, ONG que ayudan a los internos; pues lo que es un pueblo, los habitantes permanecen y los turistas van y vienen.
En lo que hace referencia al horario, como en los pueblos, unos se levantan antes, para hacer el pan, otros se acuestan más tarde, para recoger la basura de todo el día, y entre medias la mayoría cumple un horario, que comienza con el recuento de las 08:00 horas.
A continuación, se baja al desayuno, posteriormente comienzan las actividades -deportes, escuela, talleres…- y otros, la mayoría, salen al patio a “sus cosas”, que consisten en el trapicheo o menudeo de alguna sustancia psicotrópica, a echarse unas manos de cartas o domino y, cómo no, el noble juego del parchís. En España hay una ley que regula el juego, pero en este “distrito” no se cumple. Las cantidades que se juegan son pequeñas, y en algunas ocasiones es el café, el tabaco, hacer la celda al que gana (limpiar).
Ya hemos terminado con las horas de relax y a comer. Esto merece punto y seguido. Comen en una especie de autoservicio, y empiezan las colas para coger los distintos menús, no es que haya una variedad de primeros y de segundos, sino de dietas y comidas, teniendo en cuentas las enfermedades y las culturas, por lo que nos podemos encontrar, entre otros, los siguientes:
Menú para diabéticos
Menú bajo en sal
Menú triturado (no tienen piños)
Menús para alérgicos
Menús bajos en calorías
Menús para celiacos
Menús vegetarianos
Menús para musulmanes…
Se me olvidada: también esta el menú normal.
Ya lo sé, os preguntaréis: ¿qué comida darán a los presos españoles en otras prisiones? En la mayoría de las cárceles latinoamericanas cada uno se paga la suya y en las de países árabes sólo hay que recordar “El expreso de medianoche”
Y como estamos en España, después de una comida viene la siesta entre las 15:00 y las 17:00 horas, posteriormente bajada a las zonas comunes y otra vez la rutina, escribir a familiares y amigos, ver la televisión o leer, tomar un café en los economatos al efecto.
Antes de subir a las celdas, la cena, otra vez las colas y los comentarios sobre el estado de las viandas, nunca se cocina al gusto de todos, subida a celdas y algo fundamental en las cárceles: “el recuento”. Es el cuarto recuento del día; los internos en sus celdas ven la televisión, escuchan música y silencio a las 00:00 horas. Silencio relativo, no molestar.
Pero entre medias de estas horas los internos pueden ser visitados (debidamente autorizados) por sus familiares y amigos, por sus abogados y en algunas ocasiones por un profesional que solicite el interno, siempre y cuando este profesional no lo tenga el centro, que suele ser el caso del Notario.
Esto seria el día a día. Pero, ¿qué se cuece en el núcleo del patio, en el centro de la sala de televisión, donde los internos dan “el agua”? ¿Por qué se acercan los funcionarios, dónde se escuchan ruidos como si de un taller se tratara, dónde afilan “los pinchos” a base de pasarlos una y otra vez por la pared de hormigón? ¿Y qué pasa en las celdas, dónde se esconden esas “espadas” y cómo se camuflan entre los enseres, pared y otros elementos la droga con la que trapichean? La respuesta, después de la publicidad. Os espero en unos días.

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No dan palo al agua.
Les pagamos la comida, la cena, están todo el día vagueando y encima de trapicheo con estupefacientes.
Cuando salen algunos tienen paro, pobrecitos... no van a encontrar un trabajo así como así.
Y, el colmo de todo esto, hasta les pagamos carreras, algunos están tanto tiempo que se licencian en derecho o algo así gracias a la UNED.
en definitiva, viven como reyes.
nosotros currando fuera, los pocos que curramos, claro, para ellos.
INDIGNANTE.
yo les ponía a hacer carreteras, ya verás como así no trapichean ni vaguean.
un saludo.