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Estados Unidos recurre a las empresas privadas

Subcontratar el trabajo del espionaje

Por Gustavo Díaz, 15 de mayo de 2010

En los últimos años, los proveedores comerciales han sido llamados a dar soporte a un gran número de funciones de carácter crítico en casi todas las agencias involucradas en materias de inteligencia en Estados Unidos. De hecho, en esta primera década del siglo XXI, los servicios de las contrataciones privadas en Estados Unidos, han crecido cinco veces más rápido que la inflación. Es más, según Glenn Voelz, hasta un 60% de las actividades de la CIA son realizadas por personal subcontratado y hasta recientemente un 70% de las actividades relacionadas con las actividades de campo en materias de contrainteligencia (estas labores incluyen labores tan sensibles como las relacionadas con los interrogatorios, entre otras) en el Departamento de Defensa eran realizadas por personal subcontratado.

La subcontratación en materias de inteligencia en Estados Unidos se remonta al uso que los distintos ejércitos solían hacer de informadores locales, traductores y guías al operar en territorio desconocido. En el caso estadounidense, el más destacado, sin duda, el conocido “Búfalo Bill”. Posteriormente durante al Guerra de Secesión americana la agencia Pinkerton llegó a expandirse hasta convertirse en un prototipo de una agencia de inteligencia privada, proveyendo a la industria y a las corporaciones privadas con servicios de seguridad y de información.

Tras la Guerra con España a finales del siglo XIX, los Estados Unidos adquieren una orientación expedicionaria, lo que cambia la concepción de la inteligencia en los distintos cuerpos del ejército. Posteriormente, ya durante la Guerra Fría se desarrollan las grandes factorías de inteligencia en el marco estatal. Sin embargo, el amplio abanico de situaciones y operaciones en las que los servicios de inteligencia estatales se veían envueltos obligaba a contratar distintos servicios privados, desde informadores a mercenarios de todo tipo; sobre todo, en la periferia de las áreas de influencia de las grandes Superpotencias.  

Ausencia de una legislación consistente

Este precedente fue el que abrió la puerta, tras el final de la Guerra fría, a una explosión de servicios comerciales en materias de inteligencia a lo largo del mundo. Impulsado por el gran elenco de riesgos y amenazas a los que hacer frente, la rapidez de estos cambios y el recorte presupuestario en materias de defensa a finales de los años 90 del siglo XX por parte de los Estados occidentales.

La principal consecuencia que presenta esta evolución de la privatización  de la inteligencia en Estados Unidos es la falta de una legislación consistente y una definición de tareas a subcontratar así como aquellas que no pueden ser delegadas. Como puso de manifiesto el caso de Xe Services, el antiguo Blackwater. Otro de los problemas que presenta esta subcontratación masiva, puesta de manifiesto por la Oficina para la Responsabilidad Gubernamental (GAO), es la falta de prioridad del interés nacional (en este caso el interés de los Estados Unidos) a favor de intereses corporativos o particulares.

Debido a todo ello, ya en el año 2000 el ejército americano se propuso clarificar el alcance de las actividades privadas y relacionadas con la subcontratación atendiendo a los distintos niveles de guerra en el que participaran. Posteriormente, en 2004 el subdirector del Estado Mayor estableció la circular OMB A-76 para guiar las relaciones del ejército con las entidades privadas. Sin embargo en 2006, un informe del Director Nacional de Inteligencia, ponía de manifiesto que el ejército americano se veía obligado a contratar de forma privada a un gran número de personal que había trabajado con anterioridad para el ejército, al que ellos mismos habían dado entrenamiento y que ahora prestaban sus servicios en la empresa privada.  

Trabajadores con acreditación de seguridad

Es curioso comprobar como, a día de hoy, más de un 70% de los trabajadores en el campo de la información y las operaciones especiales en Estados Unidos tienen acreditaciones de seguridad debido a sus trabajos anteriores en el Gobierno. Pero es más, lo que estos trabajadores privados de la información poseen es un entrenamiento y una experiencia única en procedimientos y metodologías de trabajo que les colocan en una posición privilegiada y les hace tremendamente atractivos para las empresas.

Debido a la falta de estas guías claras sobre el alcance de las actividades de las empresas privadas en asuntos militares y en concreto en asuntos de inteligencia y motivado por los acontecimientos derivados de la actuación de este tipo de empresas, el Congreso estadounidense cada vez más empezó a monitorizar sus actividades. Como así queda de manifiesto en la Intelligence Autorization Act de 2008 del Comité Permanente para Asuntos de Inteligencia. Esta situación llevó a que en 2009 el Departamento de Defensa adoptase una nueva política en lo referente a las subcontrataciones y al uso de las empresas privadas en materias de inteligencia en conflictos armados.

Al comienzo de la nueva administración Obama se difundió un memorándum donde reconocía que las funciones y atribuciones de los contratistas privados seguían sin estar claras e instaba a que esa situación cambiase no más tarde de septiembre de 2009. Sin embargo, a pesar de que se han hecho grandes progresos, la situación sigue siendo preocupante. A pesar de que es claro que debido a la configuración actual de la esfera internacional el uso de la empresa privada en materias de inteligencia es más que necesario. De hecho, la Comunidad de Inteligencia estadounidense simplemente no podría satisfacer los compromisos adquiridos sin la ayuda de la empresa privada.

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2 Comentarios
cotoderioja
18 de Mayo de 2010 a las 18:11
Ya sea en el ámbito de la seguridad, como en el de la inteligencia y la defensa, en el momento actual , los gobernantes tienen que ser los responsables de proponer un marco en el que los ciudadanos puedan libremente, aportar soluciones que de un modo RENTABLE , proporcionen al estado, aquello que necesita. Lo único que hace falta es valentía, una palabra que según se ve no aparece en el diccionario de trabajo de los políticos. Por poner un ejemplo, el costo que va a suponernos a todos los españoles el que se imparta la formación por parte de funcionarios de la guardia civil a la policia de fronteras en Irak podria dividirse por cinco si fuese una entidad privada quien lo impartiera, los estados, no entrenan funcionarios para que estos, formen a funcionarios de otros estados, los forman para servir a sus ciudadanos. Dicho esto y planteando un marco legislativo común, la formación impartida no tiene por que ser peor, por estar esta dispensada por una entidad privada. Pues eso mismo, se puede aplicar a la inteligencia, a la vigilancia de las bases, etc. Lo importante es que el trabajo se haga, que se cumplan las normas, y que se emplee de una vez un punto de vista empresarial al conjunto de actividades que se emprenden dentro de nuestro país. El presidente norteamericano no puede acabar con la externaliación de servicios en materia de defensa por muchas razones entre otras la propia idiosincrasia de su economía, mucho mas dinámica que la nuestra, pero sobre todo, por que en Estados Unidos mas que en ningún otro sitio, las empresas que son los impulsores del desarrollo no lo permitirán jamás. Y es que además de ser representante de los ciudadanos norteamericanos, Obama, es el representante de las empresas y lobbies que lo patrocinan.
Por otro lado en España , seguimos atados a la idea de que la legitimidad de una acción es verosímil o no, en función la bandera que enarbole quien la lleve a cabo, curiosa mogigatería la nuestra, teniendo en cuenta que vivimos en un país que no se caracteriza por cuidar de sus símbolos patrios y cuya imagen de estado cambia de unos ciudadanos a otros como de la noche al día. La necesidad es seguridad es algo lo suficientemente importante como para que lo de menos sea quien ayude a proporcionarla. Lo único que hace falta es un marco legislativo.
Caridad Por Favor
15 de Mayo de 2010 a las 19:35
La clave es “la falta de prioridad del interés nacional” y los intereses económicos que puedan tener estar empresas en los países en conflicto, aparte de los propios del objeto social de su mal llamada PMC. Los contratos tendrán que incluir una serie de claúsulas de incompatibilidad y tendrán que penarse los excesos, pero ¿en qué tipo de tribunal?
El término “empresas militares privadas” no aparece ni una sola vez a lo largo de su artículo y es que no olvidemos que son civiles y esta oposición civil vs militar es otra cuestión fundamental que también habrá que considerar al delimitar sus actividades y en la determinación de su responsabilidad jurídica.
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