El papel decisivo de un negociador en México
Las empresas consultoras de seguridad están ofreciendo cada vez más seguros de secuestro con rescate. Compañías como Lloyds, por ejemplo, tienen divisiones especializadas en este tipo de pólizas denominadas técnicamente “K&R”. En todos los casos el cliente se pone en contacto con la consultora que le provee de su póliza y si se produce un secuestro la aseguradora deja en manos de la empresa de seguridad la negociación y la resolución del mismo.
El vuelo que conecta Tel Aviv con ciudad de México emplea once horas y media en recorrer los 12.470 Km que separan ambas ciudades. En condiciones normales un ejecutivo trataría de pasar ese periodo viendo las películas que se proyectan, leyendo algo de prensa o navegando (ya se puede), en Internet. Para nuestro protagonista este tiempo será justo el que necesita para entrar en materia sobre la naturaleza de las circunstancias del secuestro del que se tiene que ocupar. Se trata de una joven española de 31 años que lleva dos en el país americano trabajando como ejecutiva para una firma naviera propiedad de su padre. Desempeña su trabajo dentro del ámbito de las finanzas y la adquisición de activos. Además, según reza el informe, tiene un hijo de dos años y está casada con un ejecutivo mexicano que trabaja para un banco local.
Los acontecimientos suceden siempre en el momento menos conveniente para todos. En el caso que nos ocupa el hecho de que la empresa para la que trabaja la clienta esté sometida a la presión de una OPA, (una oferta pública de adquisición de acciones), y de que la vida profesional y personal de su padre, recientemente ligado a una joven modelo, esté más a menudo de lo que sería conveniente en la boca de los tertulianos de un conocido programa de televisión en España, no facilita nada la tarea de Tarek Moshe (nombre figurado).
El negociador
El agente tiene 51 años y lleva más de veinte vinculado al mundo de los secuestros. Aunque reside desde hace quince años en Tel Aviv, nació en Estados Unidos y, como muchos jóvenes del medio oeste americano donde creció, sirvió en el ejército donde obtuvo el grado de oficial. Posteriormente se licenció en psicología y pasó a formar parte del FBI, donde se especializó en el área de negociación y resolución de secuestros. Ahora, una vez retirado del servicio público, se gana la vida como negociador profesional e imparte formación a los agentes de la Policía que han elegido esta especialidad dentro de los cuerpos de seguridad a los que pertenecen.
Lo primero que tiene que hacer un equipo de negociación es, en función de la información de que se dispone, evaluar qué tipo de secuestro es al que se enfrenta dentro de la tipología de los mismos que existe. En los “secuestros express” no se requiere, normalmente, la intervención de un negociador profesional, entre otras circunstancias, porque normalmente cuando éste se hace público, el propio secuestrado suele firmar la denuncia porque ya está libre.
Cuando se produce el aterrizaje en el Aeropuerto Benito Juarez, el negociador ya sabe que a tenor de la victimología es evidente que este es un secuestro de tipo económico. Una vez en tierra, el delegado en la zona de la empresa consultora le termina de brindar al agente la información. Al parecer, en un primer contacto a través de una carta dejada en el buzón de la vivienda de la víctima piden un total de seis millones de dólares. Es una cantidad muy importante que demuestra que los secuestradores conocen bien cuál es el nivel económico de la víctima e incluso que ésta disponga de un seguro.
Comunicación por correo electrónico y messenger
Y aquí llega nuestro hombre dispuesto a realizar su trabajo, que no es otro que ser el vínculo entre el triángulo de intereses que se produce, entre los secuestradores, la aseguradora y la familia y lograr su liberación. Como buen profesional sabe que al otro lado del medio por el que se mantiene la comunicación con los secuestradores, -últimamente se está poniendo de moda el correo electrónico y el messenger-, se va a encontrar en muchos casos con un homólogo suyo. Lo de los secuestros ha evolucionado hasta tal punto que, en determinadas latitudes como México o Colombia, las organizaciones delictivas cuentan también con sus propios especialistas, gente con perfiles profesionales adecuados para desempeñar este tipo de actividades dentro de las mismas.
Quince horas después de que la aseguradora recibiese la llamada de socorro de la familia, un portavoz de la misma (en este caso un agente de la autoridad local que coopera con la empresa consultora) y un representante de la aseguradora que pagará la suma con la que se cierre finalmente el acuerdo están en un hotel con el negociador (este tipo de operaciones nunca se realizan desde el domicilio del secuestrado). Además, siempre comienzan con una batería de acuerdos, cuyo principal objetivo será que se aporte una prueba de que la persona se encuentra con vida y en un estado aceptable. En el caso que nos ocupa la negociación durará nueve días.
Es muy interesante observar el devenir de los acontecimientos en el caso de un secuestro. Como es previsible, la actividad diaria y la vida familiar se desorganizan. Todos tienen dificultades para dormir, para concentrarse, incluso para comer. Generalmente la memoria se altera y hasta los detalles más obvios se olvidan. Cada miembro de la familia reacciona a la situación y la asimila de forma diferente. Esto puede generar conflictos por el distinto nivel de intensidad con la que cada uno siente la ausencia del secuestrado. En esos momentos la normalidad y la tranquilidad se rompen y el equilibrio de la familia desaparece. Papá o mamá no saben cómo asumir su nuevo rol familiar, laboral, social y, como resultado, los hijos pueden convertirse en una carga más.
La familia, desesperada
No se tiene la disponibilidad ni la energía para continuar con las actividades que se venían desempeñando. Sencillamente no se puede y no se quiere hacer nada. Los problemas familiares que existían antes del secuestro se agudizan en estos momentos y, en consecuencia, las peleas aumentan. Sin embargo, y gracias en gran medida a las aseguradoras, la principal causa de estrés que se tendría que añadir a todo lo anterior, es decir, la de obtener la cantidad de dinero que será necesaria para conseguir la liberación del ser querido, pasa a segundo plano. Dadas las características de nuestro cliente, que no se dé publicidad de ningún tipo al secuestro es toda una ventaja. De otro modo, a todo esto tendríamos que sumar la presión que suponen un montón de periodistas haciendo preguntas inoportunas y en el peor de los casos dejándose llevar por un sensacionalismo que si bien puede vender revistas y aumentar la audiencia de un programa, ha costado la vida a más de una víctima de secuestro.
Mientras tanto, los contactos se suceden. Un par de vídeos demuestran que nuestra clienta está viva y sana, pero que está sufriendo mucho. Se ha llegado a poder charlar con ella por vídeoconferencia y su imagen es la de una persona desesperada. Los secuestradores pretenden evidenciar una crueldad extrema. Tras un intercambio de llamadas se cierra el trato. El rescate se deberá pagar de la siguiente forma: mediante el procedimiento de la furgoneta, un modelo y un color concreto, una bolsa en su interior con la cantidad pactada en euros. Esto último es un problema añadido puesto que la petición inicial eran dólares. Esto da pistas de los delincuentes al negociador. El modo de pago es propio de estas latitudes pero, posiblemente, varias personas de esta organización son europeas ya que normalmente se pide el dinero en la moneda que se va a emplear.
Tarek solicita una ubicación adecuada y una hora para el pago en la fecha que se ha acordado. La víctima será liberada en otro punto tan pronto se produzca el pago. Esto se considera inadmisible y se exige la asistencia a la cita de dos personas que se ocuparán de la entrega de la furgoneta y la recepción in situ de la víctima, que por cierto volverá en una furgoneta idéntica a la que se les entrega (la cual damos por supuesto que habrá sido robada unas semanas antes de cometer el delito).
Diez días después, nuestra clienta vuelve a su casa, habrá cambiado por completo, nunca será la misma. Tendrá miedo, angustia, ansiedad, odio y una fuerte depresión. Sensaciones que serán sus compañeras habituales a partir de ahora. Con la ayuda de un terapeuta poco a poco conseguirá volver a su vida normal pero las secuelas perdurarán para siempre. Es el momento para nosotros de avisar a las autoridades y denunciar los hechos, de investigar en profundidad a las personas cercanas y de dejar que la policía haga el trabajo que le compete. Nuestro negociador vuelve a su lugar de origen satisfecho. Se han reducido en un cincuenta por ciento el dinero inicial solicitado por los delincuentes, la clienta ha sido liberada con éxito y el tiempo de negociación ha sido bastante razonable.

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Un articulo genial como estoy disfrutando con vuestra web.
La seguridad privada avanza a pasos vertiginosos las nuevas amenazas hacen que las multinacionales opten por proteger sus activos del tipo que sean.
Saludos
Seguimos aprendiendo dia a dia.
gracias